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Los mercados locales de productos ecológicos en América Latina X
Por Manuel Amador
Corporación Educativa Para el Desarrollo Costarricense (CEDECO)
y el Movimiento Agroecológico de América Latina y El Caribe (MAELA)

 

Los mercados nacionales de productos ecológicos en América Latina son muy recientes, se puede hablar de la constitución de puntos de venta desde el año 1995 hacia acá. Todavía hoy no se puede decir que hay mercados como tales. La mayoría de las veces, existe una cantidad identificable de productores, consumidores, una demanda creciente y una oferta que se orienta en función del crecimiento de los mercados. Con diferente intensidad según el país, la producción de productos orgánicos ha evolucionado de forma espontánea hacia la exportación, no así hacia los mercados nacionales.

El mayor esfuerzo en la construcción de los mercados nacionales ha estado a cargo de las organizaciones no gubernamentales, conocidas como ONG´s, en complicidad con las organizaciones de agricultores.

 

En los últimos años los agricultores han presionado a las ONG´s para que se les faciliten procesos de inserción al mercado de una forma más justa, o sea con una mayor participación en el precio final del producto en el mercado.

Similitudes de las experiencias:

Todas las experiencias desarrollan sus mercados a inicios de los años ochenta, con los primeros pasos de la producción:

- El productor es visto dentro del entorno familiar, de su finca y de su región como un ente de desarrollo, no meramente como un proveedor en un mercado emergente. Es un protagonista de su propio desarrollo y propicia el trabajo comunitario.

- El interés por la producción y consumo de productos orgánicos está muy influenciado por la conciencia que se generó como resultado de los problemas de salud ocasionados por los agroquímicos y los costos de éstos.

- La oferta de productos no ha crecido ordenadamente; siempre hay faltantes de algunos de ellos. Esta oferta se sustenta en el origen de la pequeña producción de las fincas cuyo tamaño no supera las 10 hectáreas. El promedio de extensión de estas propiedades es de menos de 0.3 hectáreas.

- En muchos casos la promoción rebasa la demanda posterior. La promoción es muy limitada y depende, básicamente, de los fondos de las agencias de cooperación y criterios de las ONG´s que apoyan.

- Siempre se busca acortar las cadenas productivas, es decir, acercar a los productores con los consumidores.

- La cercanía de los productores y consumidores ha propiciado el nacimiento de formas de “certificación “ alternativa al modelo convencional. Esta dinámica lleva implícita también la crítica a los obstáculos que tiene la certificación convencional.

- En procesos regionales es común encontrar el uso de un sello o marca distintiva sobre el origen de los productos y los principios que unen al grupo que respalda.

- Existe una mayor valoración al trabajo de la mujer en el sentido que en muchos casos se apropia de los ingresos de la venta.

- Los espacios de mercados de productos orgánicos (ferias, etc), intentan mantener los precios normales (de mercado nacional o menores que éstos), salvo aquellos casos de productos que aún son difíciles de manejar.

- La filosofía para la gestión de los mercados representa un ingreso directo para los pequeños productores, eliminando intermediarios y retrasos en el pago.

A pesar de todos los elementos similares antes señalados, la multiplicación de experiencias debe basarse en el contexto y necesidades de la región o país. Las variables en la gestión de mercado antes mencionados son casualmente similares, pero deben constituirse en criterios orientadores, sin querer reproducir necesariamente los procesos o procedimientos. La mayoría de las experiencias inician con pequeños y aislados puntos de venta para ir conformando una red que aumentan la oferta, el número de consumidores y la demanda en general. Un papel muy importante siguen cumpliendo las ferias específicas de productos orgánicos que poco a poco han encontrado “un techo” dando lugar a la venta en supermercados que son los sitios con mayor volumen de venta en la actualidad.

Las ventas en los supermercados o consumidores anónimos, no tan conscientes como los que se tuvo originalmente, son producto de la promoción abierta que se ha realizado, o resultado de la promoción “boca a boca” en los diferentes países del continente. Entonces, hasta el momento, los mercados evolucionan desde la venta informal cerca de la finca, ciudad o pueblo cercano; sigue con la vinculación a una feria o un punto de venta y al final algunos tienen la capacidad de abastecer los supermercados. Paralelamente se puede dar el caso que algunos de estos productores son a su vez exportadores.

Puede destacarse como uno de los principios más importantes en la conformación de estos espacios de venta, la relación de confianza entre los productores y consumidores. Aunque nuestros países han estado influenciados por la certificación convencional y la normativa imperante, incluso algunos considerados como tercer país ante la Unión Europea, los grupos han simplificado el mecanismo de garantía en la relación productor-consumidor. Esta simplificación ha propiciado la aparición de un concepto denominado: certificación participativa.

Certificación participativa

Es un sistema de garantía participativo y alternativo a la certificación convencional, que nos indica si un producto es orgánico o no. Hasta el momento, según las experiencias conocidas, en algunos casos se reconoce la actividad a pequeños productores no vinculados a la exportación y que no tienen posibilidad de certificarse mediante el proceso convencional.

La certificación participativa es un proceso en construcción, basado en la confianza regulada. La “normativa” para aplicar esta certificación no es homogénea internacionalmente y se ha adaptado a normas éticas de acuerdo al contexto de los países y a los procesos locales. Por ahora se ha probado en varios países, donde se destacan los estados del sur de Brasil con la experiencia de Ecovida y el sello de Probio en Ecuador.

Un sistema de certificación participativo pretende ser más sencillo, parte de valorar la participación de agricultores y consumidores, intenta disminuir costos y busca el reconocimiento o acreditación del Estado.
En la relación entre productores y consumidores orgánicos existe una representación gráfica, o sea una especie de sello que identifica el origen de un producto orgánico que ha sido “excluido” de la certificación convencional. En la mayoría de las experiencias, se utiliza un Sello agroecológico que representa principios, ideales, valores éticos de organizaciones o actores que dan el soporte y garantía del origen del producto.
En la actualidad el marco legal de los países no reconoce la certificación participativa ni este tipo de sellos, dado que la legislación está basada en la necesidad de exportación e influencia del marco de certificación para los mercados internacionales.
No obstante, algunas ONG´s plantean avances en la discusión con los gobiernos para la generación de normativas o reconocimientos, lo que puede llevar a la futura acreditación legal del Estado.

El sello no “compite” con la certificación convencional puesto que solamente intenta reconocer aquellos agricultores que han sido excluidos de la exportación. En este sentido, productores certificados podrían ser reconocidos por la certificación participativa de manera inmediata, sin necesidad de re-certificar. Es el caso de productores que tienen su finca certificada y cumplen con los “requisitos” de la certificación participativa y solamente entregan uno o dos productos para la exportación. En general, se trata de proponer procesos sencillos, sin complicar los procedimientos ya existentes.

En todo caso, la regulación de la calidad de los alimentos para los consumidores a través de la certificación es solamente un elemento más a considerar en la gestión de los mercados nacionales.

Como se mencionó, el crecimiento de los mercados nacionales de productos orgánicos no depende de las formas de certificación, como algunos lo piensan, es solo un servicio que al fin y al cabo certifica el origen del producto. En realidad depende de la conjunción de múltiples factores. Es como un juego sin antecedentes entre la oferta y la demanda, que se desarrolla en un marco de alternabilidad de formas de agricultura convencional. De esta manera el crecimiento de la agricultura ecológica y sus mercados, se genera en un ambiente marginal con respecto a formas de agricultura que hacen uso de insumos químicos industriales y que son tóxicos para la salud.

Para finalizar, es necesario enfatizar en que la promoción y educación de los consumidores está la estrategia fundamental para sumar nueva demanda. O sea una efectiva promoción y educación ayuda a crear conciencia en la población para adquirir productos ecológicos. Impulsa a agricultores y agricultoras a aumentar la oferta y la diversidad de productos y, a su vez, se generan nuevas visiones para que los tomadores de decisión comprendan que hay diferentes formas de aportar al desarrollo.

Vea más información sobre experiencias de mercados Locales en América Latina el Próximo numero de APORTES 132.